¿SIGNOS DE VIDA EN LA ATMÓSFERA DE VENUS?

15 Septiembre 2020, 12:43 pm
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A Marte le ha salido un serio competidor en la búsqueda de vida fuera del planeta Tierra: Venus. Tras una investigación liderada por las agencias espaciales europeas (ESA) y americanas (NASA), nuestro vecino más próximo se ha convertido en noticia debido el descubrimiento de moléculas de fosfano en su atmósfera alta.  Un biomarcador que podría indicar la presencia de vida allí.

Venus pudo ser un planeta muy parecido a la Tierra hace cientos de millones de años. Ambos comparten un tamaño y densidad similares, y la atracción gravitatoria es prácticamente igual en sus superficies. Además, se sabe que Venus pudo albergar océanos un día. Vamos, que no hay otro planeta en el sistema solar que tenga características tan similares al nuestro. Pero algo dramático ocurrió a lo largo de la historia de Venus que hizo que sus condiciones cambiaran drásticamente con respecto a las que conocemos en la Tierra. Si uno observa Venus a través de un telescopio, solo avistara un espeso manto de nieves que cubre por completo su superficie.  No fue hasta las décadas de los 60 y 80 cuando descubrimos qué había más allá. La superficie de Venus se encuentra a 465 °C, tiene una presión atmosférica de 90 bares, algo así como sumergirse a una profundidad de un kilómetro bajo la superficie oceánica, y sus nubes están formadas mayoritariamente por ácido sulfúrico. Difícilmente se puede imaginar un entorno más adverso para la evolución de la vida.

Pero, antes de abandonar en el olvido este maravilloso planeta, la agudeza humana ha sido capaz de encontrar un resquicio de esperanza en la atmósfera de Venus. Si uno ascendiera en un ascensor desde la superficie de Venus y atravesará su atmósfera hasta llegar al espacio, en algún momento cruzaría un entorno que se le haría muy, pero que muy familiar. A 55 km sobre la superficie de Venus, la temperatura de la atmósfera se estabiliza en unos agradables 30 °C y la presión atmosférica desciende a unos 0,5 bares, algo parecido a la presión atmosférica que encontraríamos en la cima del monte Kilimanjaro. Vamos, que, con una botella de oxígeno, un astronauta podría pasearse por esta región sin necesidad de vestirse con un traje de astronauta.  Y curiosamente es en esta región tan plácida donde se han encontrado las trazas de moléculas de fosfano.

El fosfano, o trihidruro de fosforo (PH3), es un biomarcador, al igual que el agua, el dióxido de carbono, el oxígeno o el ozono, utilizado en la búsqueda de vida fuera del planeta Tierra. Lo que ha hecho saltar las alarmas, y lo curioso de este descubrimiento, es el hecho de que no hay apenas mecanismos abióticos capaces de producir fosfano en las cantidades que se han encontrado en la atmósfera de Venus.  En la Tierra, por ejemplo, no existe ningún mecanismo geológico capaz de generar fosfano, y su presencia en la atmósfera está asociada a su producción por parte de microorganismos o a las acciones del ser humano.   Por otro lado, si el fosfano se hubiera producido en la superficie de Venus debido a un proceso geológico desconocido, su atmósfera, extremadamente reductora, lo descompondría en un corto periodo de tiempo. Es por ello que los autores de este trabajo asocian las altas cantidades de fosfano encontradas en la atmósfera de Venus, a un proceso de creación continuada, que, dadas sus características, encaja muy bien con la presencia de vida allí.

De todas formas, hay que ser cautos. La estimación de la concentración de fosfano en la atmósfera de Venus apenas alcanza las 20 partes por mil millones (20ppb) de su composición total. Hablamos de cantidades casi efímeras que han sido identificados por telescopios situados en la superficie de la Tierra. La complejidad de estas medidas puede crear errores sistemáticos en las medidas que deriven en falsas señales y es por ello que estos resultados preliminares, requerirán en los años venideros, de grandes investigaciones que, quién sabe, incentiven el envío de nuevas sondas a navegar la alta atmósfera de Venus en busca de vida.   

 

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